Divulgación · Actualizado agosto 2026
Historia del calefactor: 120 años de convertir electricidad en calor
Calentar con electricidad es lo más fácil del mundo: cualquier resistencia lo hace con un rendimiento del 100%. El problema nunca fue producir calor, sino encontrar un material que aguantara al rojo vivo sin desintegrarse. Ese problema se resolvió en 1905, y todo lo demás son variaciones sobre el mismo tema.
El problema que nadie sabía resolver (1880-1905)
Las primeras bombillas ya demostraban que un hilo incandescente da calor, y a finales del XIX llegan los primeros intentos comerciales: en Reino Unido, Rookes Crompton y Herbert Dowsing patentaron hacia 1892 unos radiadores eléctricos con hilo enrollado sobre soporte cerámico o de hierro fundido.
Fracasaron por un motivo material. El hilo de hierro o de acero, al trabajar al rojo en contacto con el aire, se oxida y se rompe en cuestión de horas. La resistencia se convertía en un consumible caro, y un aparato que se avería cada semana no tiene mercado.
1905: el nicromo lo cambia todo
Albert Leroy Marsh, ingeniero metalúrgico estadounidense que trabajaba en la Hoskins Manufacturing Company de Michigan, desarrolló en 1905 una aleación de níquel y cromo que se conocería como nicromo. Sus virtudes son exactamente las que hacían falta: alta resistividad, punto de fusión elevadísimo y una capa de óxido de cromo que se forma en la superficie y protege el metal en lugar de destruirlo.
Con el nicromo, una resistencia pasó de durar horas a durar años. A Marsh se le llama a menudo el padre de la industria del calentamiento eléctrico, y no es exageración: el hilo que hay dentro de tu tostadora, de tu secador y de tu calefactor sigue siendo esencialmente el mismo invento.
Cronología
| Etapa | Hito | Por qué importa |
|---|---|---|
| c. 1892 | Primeras patentes de radiador eléctrico en Reino Unido (Crompton y Dowsing) | La idea existe, pero el material no aguanta |
| 1905 | Albert Marsh desarrolla el nicromo | Nace la resistencia eléctrica duradera |
| Años 20-30 | Radiadores eléctricos de barras y reflector en hogares acomodados | La electricidad doméstica llega a las ciudades |
| Años 50 | Se caracterizan los termistores PTC de titanato de bario | La base de la cerámica autorregulable de hoy |
| Años 60-70 | El termoventilador doméstico se generaliza | El plástico moldeado y el ventilador barato democratizan el calor |
| 1973 | Crisis del petróleo | El coste de la energía entra en la conversación doméstica para siempre |
| Años 80-90 | Auge del halógeno y el cuarzo; radiador de aceite en cada casa | Dos filosofías: calentar cuerpos o calentar aire |
| Años 90-2000 | La cerámica PTC llega al calefactor doméstico | Calor rápido, autorregulado y con menos polvo quemado |
| 2010s | Termostato digital, oscilación, formatos sin aspas visibles | El confort deja de ser solo temperatura |
| 2018 | Entra en aplicación el ecodiseño europeo para aparatos de calefacción local | Control de temperatura y programación pasan a ser obligatorios de facto |
| 2020s | Wifi, app y control por voz | La función que más ahorra es programar, no calentar |
Los sesenta y setenta: el calefactor entra en las casas
Hasta entonces, un radiador eléctrico era un mueble caro. Lo que cambia a mitad de siglo es la fabricación: carcasas de plástico inyectado, ventiladores en serie y termostatos bimetálicos que costaban céntimos. El resultado es un aparato ligero y asequible que hace algo que ninguna calefacción central puede hacer: calentar una habitación, la que estás usando, en un minuto.
En España encajó especialmente bien: muchas viviendas de los sesenta y setenta se construyeron sin instalación de calefacción. El termoventilador de 2.000 W se convirtió en el electrodoméstico de invierno por defecto, y sigue siéndolo.
1973: cuando el calor empieza a tener precio
El embargo petrolero de octubre de 1973 disparó el precio de la energía en toda Europa y forzó a los países importadores a repensar su mezcla energética. En España, la respuesta a medio plazo fue una apuesta fuerte por la electrificación y por reducir la dependencia del fuelóleo. Para el usuario doméstico el efecto fue cultural: por primera vez la pregunta dejó de ser «¿calienta?» y pasó a ser «¿cuánto me cuesta la hora?». Es la misma pregunta que sigue trayendo gente a guías como cuánto consume un calefactor medio siglo después.
Los ochenta y noventa: naranja y aceite
La época del tubo incandescente naranja con reflector parabólico. El halógeno y el cuarzo calientan por radiación: no templan el aire, calientan lo que tienen delante, y esa inmediatez enganchó. En paralelo se popularizó el radiador de aceite, la propuesta opuesta: lento, pesado, silencioso, con inercia térmica, pensado para pasar la tarde entera encendido. Que hoy sigan conviviendo los dos formatos no es casualidad: resuelven necesidades distintas.
La cerámica PTC y la etapa actual
El calefactor cerámico resuelve el viejo defecto del hilo al rojo. Una placa de titanato de bario aumenta su resistencia al calentarse, lo que la hace autolimitarse: trabaja a 150-200 °C en vez de a 600 °C o más. Menos polvo quemado, menos riesgo de incendio y una vida útil en la que suele fallar antes el ventilador que la placa.
Lo que ha pasado desde 2010 no es una revolución térmica sino de control: termostato digital con sonda, temporizador de 24 horas, programación semanal y, desde mediados de la década, conectividad. El dato que resume la etapa: el emisor térmico y el calefactor moderno no calientan mejor que uno de 1975, pero funcionan bastantes menos horas para el mismo confort. Si quieres el mapa completo de lo que hay hoy, sigue por todos los tipos de calefactores; y para ver hasta dónde llega la parte de control, calefactores wifi.
Preguntas frecuentes
¿Quién inventó el calefactor eléctrico?
No hay un único inventor. Los primeros radiadores eléctricos se patentaron en Reino Unido hacia 1892, de la mano de Rookes Crompton y Herbert Dowsing, pero eran poco fiables porque el hilo se quemaba. El salto decisivo lo dio el estadounidense Albert Marsh en 1905 al desarrollar el nicromo, una aleación de níquel y cromo que soporta el rojo vivo sin oxidarse. Sin ese material no existiría ningún calefactor moderno.
¿Cuándo se popularizó el termoventilador en España?
Entre los años sesenta y setenta, coincidiendo con la extensión de la red eléctrica doméstica y con la aparición de carcasas de plástico moldeado que abarataron muchísimo la fabricación. Fue el aparato que permitió calentar una habitación concreta en viviendas que no tenían ninguna instalación de calefacción, y ese sigue siendo su papel.
¿Qué es la cerámica PTC y desde cuándo se usa?
Es un material cerámico, normalmente titanato de bario, cuya resistencia eléctrica sube mucho al calentarse, de modo que se autolimita y no puede alcanzar temperaturas peligrosas. Estos termistores se conocían desde los años cincuenta, pero su uso masivo en calefactores domésticos llega en los noventa y sobre todo a partir de los años dos mil, cuando el coste bajó lo suficiente.